EL ANIME Y LOS MEDIOS: INFORMACIÓN Y DESINFORMACIÓN ELECTRONICA

La percepción de una serie animada cambia dependiendo el momento y las características de la sociedad donde es transmitida, también los medios masivos de comunicación juegan un papel importante en la manera en que una serie es comercializada y recibida por el público. En este artículo se analizará brevemente el papel que medios como el internet y la televisión han jugado en la difusión de animación japonesa e información sobre esta en la sociedad mexicana, haciendo una comparación entre la década de los 90s y la actualidad, tomando como ejemplo algunos casos y situaciones conocidas que han despertado la curiosidad y la polémica en torno al anime.

La popularidad de una serie, o un producto dirigido al público infantil y/o juvenil, en muchos casos, está rodeada de polémica. Al ser los niños y jóvenes sectores de la población considerados como especialmente influenciables y vulnerables ante los contenidos mediáticos, éstos son generalmente analizados, criticados y censurados con mayor rigor que los contenidos dirigidos al público adulto.

Ejemplos de lo que la popularidad que empieza en un medio masivo y pronto se extiende a otros, generando grandes ganancias monetarias y una buena dosis de preocupación social hay muchos. Uno de ellos, bastante conocido, es el de los Pitufos, exitosa caricatura de los 80s cuyos personajes, que estuvieron presentes en pósters, figuras y demás parafernalia, fueron considerados satánicos, racistas, nazis y demás adjetivos polémicos que en realidad poco tenían que ver con la trama de la serie. La fama y la influencia en los niños que esta caricatura producida por Hanna-Barbera llegó a tener llevó a encontrar mensajes ocultos y negativos en casi cada aspecto de la serie, llegando incluso a juntar firmas para prohibir su emisión televisiva.

Lo mismo pasó con la grotesca diversión de las tarjetas de los Garbage Pail Kids en varios países, y más tarde, en los primeros años de la década del 2000, con los trolls, elfos y duendes cuyas figuras se popularizaron en México y generaron algunas reacciones en contra por considerarlos causa de enajenación y hasta de prácticas ocultistas por parte de los jóvenes.

El anime por supuesto, no se ha librado de protagonizar discusiones que, del entorno social y familiar, pasaron a los medios masivos de comunicación, es entonces cuando más de uno nos ponemos a reflexionar sobre la importancia y alcance social lo que muchos aún consideran simples caricaturas.

Si bien desde los 70s se empezó a transmitir anime en México, no fue hasta que Saint Seiya (Caballeros del Zodiaco) se convirtió tanto en un éxito económico como entre los fans, que las miradas se dirigieron hacia la animación japonesa. En la década de los 90s, durante la llamada “época dorada” del anime en México, numerosas series poblaron las barras de programación en televisión abierta. Aquel fue el tiempo de la saga de Dragon Ball, Pokemón, Sakura Card Captor, Zenki, Rama 1/2, Bt-X, Sailor Moon, entre muchos otros. El anime tuvo un periodo de difusión muy importante, y se convirtió en una gran fuente de raiting entre los niños y jóvenes.

A la par de los seguidores una ola de creciente interés y necesidad de información sobre la animación japonesa invadió nuestro país. Surgieron revistas con detalles sobre personajes y capítulos, reseñas de series y sobre todo lo relativo a los fans del anime; una subcultura se desarrollaba empezando a valerse de los medios para expresarse. La televisión también abrió sus puertas y a través de cartas, y en ocasiones en vivo, participando como público invitado, los otakus, o aficionados a la animación japonesa compartían el gusto por esta forma de expresión que parecía haber tomado una fuerza sin precedentes en México.

Sin embargo no todo es miel sobre hojuelas y la gran popularidad del anime no sólo atrapó la atención de niños y jóvenes sino también de sus padres y maestros, que en la mayoría de los casos veían las series desde un punto de vista muy diferente. Tal vez antes ya había habido alguna queja por parte de una sociedad mexicana sorprendida ante los contenidos de algunos animes que no eran tan simples o tan infantiles como sucedía con animaciones procedentes de oros países que se exhibían en la televisión de ese entonces.

  Se dice que “lo que lo que la escuela enseña durante cinco horas, lo destroza en quince minutos un mal programa de TV. Tan alta capacidad deformativa de los medios de comunicación de masas no puede quedar fuera de las preocupaciones de la escuela y de la educación formal.[1]

Con argumentos como este, la creciente desconfianza y crítica hacia la animación japonesa se agudizó al punto que padres de familia junto a los sectores conservadores de la sociedad se organizaron e hicieron llegar su descontento a los medios de comunicación, donde el tema se convirtió en un verdadero debate que pronto alcanzó proporciones exageradas.

La violencia de corte realista y las tramas con un argumento serio desarrollado capítulo a capítulo, además de la exhibición ocasional de los personajes desnudos o semidesnudos son los principales puntos en los que difiere en general la japonesa de otras animaciones, y estos son también los principales puntos causantes de polémica. Las palabras satanismo, mala influencia, adicción y mensaje subliminal estuvieron varias veces asociadas al anime y a quienes lo consumían.

Las diferencias culturales y religiosas se alzaron como una barrera para el entendimiento de los contenidos propuestos por el anime, donde lo desconocido y/ o perteneciente a otra cultura fue tachando de negativo y hasta de presuntamente peligroso.

Un día una niña me dijo que quería un cassette de Rama, pero que no se lo compraron “¿porque?”…”porque mi mamá dice que esa música es satánica”…”sólo está en japonés” le dije y me dijo que peor porque los japoneses les enseñan pornografía y violencia a los niños y no creen en Jesús. Esta niña si que me asustó, pobre, no me gustaría se ella.[2]

Es aquí donde los medios de comunicación tienen un gran poder, y también una gran responsabilidad; pueden disipar y aclarar las dudas de los televidentes con información e investigación pertinente o pueden instar a la histeria colectiva en base a programas amarillistas que más que otra cosa buscan el raiting.

[…]la mentira y la omisión, la analogía y la metáfora para marginar las certezas con las probabilidades; el tono dramático y persuasivo para intoxicar al receptor; el rumor referido a informes falsos o inventados difundidos maliciosamente sin confirmación: Al rumor se sale al paso con otro rumor todavía más difícil de deshacer.[3]

En torno al tema del anime, al menos en la televisión, el medio más influyente, reinó la desinformación, que se extendió ampliamente entre los mexicanos, afectando directamente los contenidos de las dos principales cadenas de televisión, donde el anime fue cambiado de horario o desaparecido, al menos momentáneamente. A esto se le sumó que al menos en cuanto a mainstream se refiere, no había muchas opciones de donde obtener información o una opinión diferente a no ser la que dictaba el propio criterio, me refiero a una época (mediados de los años 90s) cuando el internet aún no se había extendido como la herramienta de entretenimiento y comunicación que es ahora y la información a la que estaba expuesta la mayor parte de la población provenía de medios locales, desarrollados y enfocados principalmente dentro de la cultura e idiosincrasia mexicana de la época.

Y sin embargo la información ahí estaba, sólo había que buscarla al interior de los círculos de aficionados al anime. En las revistas de entonces se discutía el tema en boga (la polémica sobre la animación japonesa) y se hablaba ya de géneros, estudios y autores, cosa que las cadenas encargadas de la transmisión de las series aún conocían  poco.

El descontento sobre la violencia de Saint Seiya, la falta de pudor de Gokú y las escenas románticas en Robotech fueron perdiendo fuerza, prueba de ello es la retransmisión de algunas de estas series.[4] Sin embargo, y al igual que ha venido sucediendo a través del tiempo con diversos productos televisivos[5], las viejas polémicas abren paso a las nuevas, así es como a principios de 2001 las críticas sobre la animación japonesa vuelven a alcanzar un punto álgido.

Pokémon, serie infantil protagonizada por el famoso roedor amarillo Pikachu, se convirtió en una nueva fuente de rumores infundados que crecieron más de la cuenta, llegando una vez más a la televisión y culminando con la quema pública de artículos relacionados con la serie organizada por algunos sacerdotes, lo que también valió sus menciones en los noticieros. Los supuestos mensajes ocultos en los nombres de los pokemones, el verdadero significado del nombre Pikachu, la simbología en las tarjetas Pokémon y el tan sonado temor a que la serie causara epilepsia (el capítulo nunca se transmitió en nuestro país) se quedaron sin aclarar realmente en los medios masivos de comunicación mexicanos.

Este nuevo revuelo en torno al anime motivó una serie de artículos en revistas especializadas donde se presentaba este caso[6], además de abrir la discusión en torno a la violencia y el erotismo en la animación japonesa, temas que siempre han causado opiniones encontradas en México. Pero no sólo eso, ya que en dichos artículos se informaba y debatía sobre los puntos negativos del anime sino también de los valores que fomenta y el como varían los contenidos dependiendo el género y al público al que va dirigido.

Ya que esta vez figuras de la iglesia estuvieron directamente involucradas, los comentarios negativos hacia Pokémon tuvieron gran alcance y repercutieron en la prohibición hecha en algunos estados de la República de que los niños llevaran a la escuela o a misa cualquier artículo relacionado no solo con esta serie sino con la animación japonesa en general. Difícil era de creer el contraste que se dio en una sociedad donde los medios de comunicación y la tecnología nos situaban en el siglo XXI pero algunas formas de pensar nos remitían a los procesos inquisitoriales, con decir que hasta las hogueras estuvieron presentes.

A pesar de lo ocurrido y de lo apasionado de algunas quejas Pokémon siguió siendo transmitido tanto por televisión abierta como en canales de paga, y actualmente la serie, que ya va por su treceava temporada continúa al aire.

El éxito en televisión y la emisión de barras completas integradas en su mayoría por animación japonesa no volverían a nuestro país con la fuerza de antes, tampoco las quejas. La promoción del anime en televisión abierta decayó y algunas series, que causaron una polémica a la que tampoco se le dio promoción, fueron retiradas, algunas incluso sin terminar.[7]

Si bien es cierto que hoy ningún anime ocupe hoy el horario estelar en televisión abierta y que los horarios de muchas series han sido cambiados a la madrugada o a los domingos el impacto en la subcultura otaku no es grande. ¿Porque? En gran medida por el internet.

En 2010 el total de usuarios de internet en México era de 34.9 millones, comparado con los 5 millones que había en el año 2000[8], y en el presente año el número de usuarios ha aumentado en 14% [9]En once años la importancia y la influencia de este medio electrónico creció enormemente al a par de sus posibles usos. Actualmente internet no sólo es una herramienta de consulta e investigación sino de difusión y participación activa de los usuarios.

Y los aficionados a la animación japonesa han sacado gran provecho de este medio.  Desde finales de los 90s, cuando internet empezó a popularizarse y el auge de los café internet no se hizo esperar este medio abrió las puertas a una enorme cantidad de información sobre animación japonesa que los seguidores del anime recopilaron y consultaron adquiriendo una visión más completa y más profunda sobre su pasatiempo.

La información, la velocidad y el número de sitios disponibles en la red ha crecido de manera vertiginosa y hoy la cantidad de información disponible es inmensa. Pero no sólo la información se volvió abundante y gratuita, pues gracias a páginas como youtube, tu.tv, veoh y otras especializadas en anime como animeid.com y watchanimeon.com por citar algunas, el poder ver las series más recientes casi al mismo tiempo que los aficionados japoneses se hizo posible, además de que gracias a fenómenos como en fansub[10] y en menor medida el fandub[11], la barrera del idioma quedó superada.

El número de páginas donde el anime puede verse o descargarse de manera gratuita se han multiplicado, haciendo que el número de animaciones a las que el público mexicano está expuesto aumentara considerablemente, llegando, con tanta oferta, incluso a saturar de cierto modo a los consumidores, que sin mucho esfuerzo pueden acceder ahora a una gran variedad de géneros y series.

Hace aproximadamente 10 años no había otra manera de ver anime que no fuera a través de la televisión o de la compra de series en video. Las televisoras, abiertas y de paga, controlaban los géneros, horarios y censura de las animaciones que transmitían, y aunque actualmente la televisión sigue siendo el medio al que más mexicanos tienen acceso[12] el internet ha cambiado la forma en que se ve y se percibe la animación japonesa, al menos en algunos sectores de la sociedad.

Aunque es innegable que la influencia de internet es grande, hay que señalar que este medio está diseñado para un uso más individualizado que la televisión. Los contenidos en general no son vistos en familia o compartidos con un gran número de personas (al menos físicamente) por lo que quien no usa el internet queda fuera de los contenidos exclusivos de este medio.

Son los niños y jóvenes quienes integran el grupo que más usa internet[13], por lo que en teoría tendrían más información y se valdrían más de este medio en relación con la animación japonesa que los grupos conservadores de nuestra sociedad. Efectivamente así es, sin embargo quienes antes usarían el correo o la televisión para desacreditar y esparcir rumores sobre el anime emplean ahora el internet.

Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC)[14] tienen la facultad de divulgar información a nivel mundial a bajo costo y a gran velocidad, permitiendo que cualquiera con acceso a internet pueda opinar y difundir sus puntos de vista. Sin embargo así como la información corre relativamente libre por las extensas redes de internet también lo hace la desinformación.

En nuestro país no existen regulaciones claras sobre la publicación de contenidos en internet, tampoco un control de calidad que verifique la veracidad de la información publicada, y, con la cantidad que se genera y acumula a diario sería una tarea virtualmente imposible. Así, las mentiras, los rumores y las supuestas investigaciones basadas en ellos se repiten en el ciclo del copy-paste. Si bien una mentira repetida no se vuelve verdad si se convierte en un referente presente dentro de la red. En foros (relacionados o no al anime) los temas aquí expuestos se continúan discutiendo desde diversas perspectivas, por lo que, aunque diseminada por la red y sin la fuerza de convocatoria que antes tuvo la polémica continúa.

Hoy en día tal vez la ignorancia y falta de tolerancia que orillaron a comentarios y reacciones en contra de tal o cual serie hoy nos parezcan hilarantes o sin mucho peso, pero actualmente todavía hay mucha desinformación en torno al anime en México.

Discusiones y reportajes sin fundamento, aunado a la preocupación y quejas de asociaciones civiles y de padres de familia siguen haciendo eco actualmente en la programación dirigida a niños y jóvenes en televisión, mientras que el internet (y los dvd) se consuma como la fuente por excelencia por la cual se ve y se difunde el anime en nuestro país.

A través de los medios de comunicación actualmente contamos con la posibilidad de conocer otras culturas, otras formas de pensar y los productos audiovisuales que estas producen, y a la vez disfrutarlos y comprenderlos mejor. La información, más que nunca, está a nuestro alcance, sólo falta la motivación y la curiosidad por investigar y saber más, de no quedarnos con lo que presenta una pantalla (de televisión o de computadora), pues detrás de los dibujos de un anime hay todo una manifestación cultural y una interacción social de la que de una u otra forma somos parte.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Fuenzalida, Valerio, Television y cultura cotidiana: la influencia social de la TV percibida desde la cultura cotidiana de la audiencia, CPU, Universidad de Texas, 1997. 303pp.

Orozco Gómez, Guillermo, Televisión y audiendias: un enfoque cualitativo, Ediciones de la Torre, Universidad Iberoamericana, 1996.191pp.

Goytisolo, Juan, Arturo Lorenzo, et, al.,  El orientalismo al revés: homenaje a Edward W. Said, Catarata, Madrid, 2007. 139pp.

Ruiz Granada, Ángel Liceras, “Medios de comunicación, educación informal y violencia” en Revista Comunicar 26: Comunicación para la salud, Grupo Comunicar (Editor), Andalucía, España, No 26. Marzo 2006. 246pp.

Blazquez, Niceto, El uso de la razón, Visión Libros, Madrid, España, 2008. 364pp.

INEGI, Usuarios de Internet en México

<http://www.inegi.gob.mx/est/contenidos/espanol/temas/Sociodem/notatinf212.asp>  (Abril 2011)

Ramírez, Marisol, Usan más internet vía móviles en México, El Universal,18 de Mayo, 2011.

< http://mediosenmexico.blogspot.com/2011/05/usan-mas-internet-via-moviles-en-mexico.html>  (Mayo2011)

<http://www.animexis.com>(Abril 2011)

<http://doblaje.wikia.com>(Abril 2011)

Arceo S. , Martín, “Picachu a la hoguera”, Conexión Manga, México, No 21. Febrero 2001.

Vázquez Ceja, Arturo, “Universo Pokemón: mentiras verdaderas”, Conexión Manga, México, No 14. Septiembre 2000.

Domo (sección de cartas), México, Año 4 No. 8 Junio 1998.


[1] Ruiz Granada, Ángel Liceras, “Medios de comunicación, educación informal y violencia” en Revista Comunicar 26: Comunicación para la salud, Grupo Comunicar (Editor), Andalucía, España, No 26. Marzo 2006. 246pp.

[2]Este es un caso particular, dado a conocer por una carta a una de las revista de la época, sin embargo, si bien, en buena medida desconcertante, este caso por supuesto no es un hecho aislado.

Domo (sección de cartas), México, Año 4 No. 8 Junio 1998.

[3] Blazquez, Niceto, El uso de la razón, Visión Libros, Madrid, España, 2008. 364pp.

[4] En el año 2000 se retransmitió Robotech, quedando inconclusa, y posteriormente en 2008 TV Azteca volvió a transmitir Saint Seiya sin gran revuelo, siendo retirado después del aire.

[5] Ejemplo claro de esto son los Simpson, programa que si bien en algún tiempo fue acusado de mala influencia y de atentar contra valores familiares y “buenas costumbres”, hoy, después de tantos años es visto como una serie más, aunque cabe destacar y aunque muchos niños lo vean, se reconoce que el público al que está destinada esta animación son adolescentes y adultos.

[6] Es destacable el papel de la revista Conexión Manga (que se vio envuelta en la polémica cuando algunos ejemplares fueron mostrados en el programa Hablemos claro) donde el tema se trató de manera imparcial y evitando en lo posible tintes amarillistas.

[7] Un ejemplo de esto podría ser Gundam Wing, transmitido en cable y después, por corto tiempo por Canal 5 durante 2003.

[8] Las cifras fueron redondeadas para facilitar su lectura y comprensión.

Usuarios de Internet en México, INEGI

<http://www.inegi.gob.mx/est/contenidos/espanol/temas/Sociodem/notatinf212.asp>  (Abril 2011)

[9]Ramírez, Marisol, Usan más internet vía móviles en México, El Universal,18 de Mayo, 2011.

< http://mediosenmexico.blogspot.com/2011/05/usan-mas-internet-via-moviles-en-mexico.html>  (Mayo2011)

[10] Subtítulos que los aficionados agregan a una película o video.

[11] Doblaje de una serie o película hecho por aficionados.

[13] El 63% de los usuarios de internet tienen entre 12 y 34 años, según resultados de encuestas del INEGI en 2010.

[14] Las TIC incluyen la televisión, el radio, la telefonía, la informática y el internet.

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5 thoughts on “EL ANIME Y LOS MEDIOS: INFORMACIÓN Y DESINFORMACIÓN ELECTRONICA

  1. Spidy julio 6, 2011 / 7:34 am

    Buen post. Yo recuerdo que cuando iba a la primaria muchas madres no dejaban ver Dragon Ball o Pokemon a sus hijos, ya sea por considerarlos demoniacos o muy violentos, afortunadamente a mí nunca me prohibieron ver tales programas.

    Creo que la falta de conocimiento y desinformación, como tú bien señalas, han sido los culpables de que el anime sea satanizado. Precisamente esa crudeza que el anime presenta es lo que asusta a muchos padres de familia, pero el sexo y la violencia son —querámoslo o no— parte de nuestra vida, los japoneses no hacen otra cosa que presentar una imagen más “real” en la animación. En las serie japonesas la violencia tiene consecuencias: si le disparas a alguien se muere. También el sexo es más explicito pero consistente con la vida real, al menos en mi opinión. Pongamos por ejemplo a Bugs Bunny, es un conejo macho (aparentemente, yo creo que es asexual) que se la pasa besando a Elmer. Considero que este tipo de programas deberían causar igual inconformidad entre los “santos y devotos padres” que ver al Maestro Roshi tratando de tocar los pechos de Bulma (cómo si ellos nunca hubieran intentado ver los calzones de sus compañeritas de la escuela). El correcaminos (caricatura que odio porque siempre quise que el coyote ganara) nos muestra que la crueldad y el maltrato hacia los animales no acarrean ninguna consecuencia, por el contrario, es graciosa y divertida.

    Si se trata de criticar podemos encontrar demonios, promiscuidad, ritos paganos y demás injurias en casi cualquier animación, japonesa o norteamericana. Siempre me he preguntado ¿qué demonios les pasaba por la cabeza a los productores de “Fantasías animadas de ayer y hoy” para poner en un programa, supuestamente infantil, a un tipo con facha de gangter que fumaba un puro al tiempo que tocando el piano, mientras una bella y voluptuosa mujer en entallado vestido rojo, cantaba sobre dicho instrumento? En fin, eran otros tiempos, supongo: los del cabaret.

    Finalmente, no sé por qué imaginé a Cortez satanizando los ritos mexicas cuando leí lo que la madre le decía a la niña como pretexto por no comprarle el cassette de Ranma. Parece cierta la creencia de que los humanos temen a lo que desconocer, una cultura, una idiosincrasia y una cosmovisión diferentes deben ser dañinas para nosotros.

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    • Tsubasa agosto 10, 2011 / 8:41 am

      Cierto Spidey, ^^ con la conquista por parte de Cortés, se tenia únicamente la meta de imponer su dominio cultural sobre la precolombinas, dudo mucho que se hayan detenido un momento a comprender que carajos estaban destruyendo! (Y ojo, que personas como Sahagún se interesaron en saber de nosotros para convertirnos, aunque los resultados sean otros a la fecha).

      Tal vez en nuestros tiempos sea algo parecido, como por ejemplo que para la gente mayor es más conveniente seguir los mismos parámetros de aceptación que han usado siempre y librarse de pensar mucho en temas complicados. Esto lo digo, porque hace unas semanas lo estudié para responder el porqué ellos estaban renuentes a cambiar su voto por el PRI en las pasadas elecciones del Estado de México… “Es que así me enseñaron mis padres y abuelos”, decian.

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  2. gessy octubre 4, 2011 / 2:52 am

    hola!
    la verdad me pareció muy interesante tu articulo. Fijate que estoy haciendo un protocolo de investigación relacionado con este tema y desgraciadamente no he podido encontrar mucha información que sea de mi utilidad, por lo que te me veo en la penosa necesidad de pedirte algunos datos o artículos en donde pueda llegar a encontrar mayo información sobre el tema.
    de igual manera me podrías proporcionar tu nombre?
    pienso citarte en algunas cosas.Gracias

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  3. Helena mayo 4, 2012 / 4:26 am

    Muy interesante el documento! Ando haciendo un trabajo de investigacion acerca de como el anime no solo influye &/o es una “etapa” de los jovenes, sino de igual manera como influye en personas adultas. Crees poder ayudarme

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  4. Antxon enero 27, 2013 / 8:13 am

    Como maestro no me molesta que los niños vean anime, de hecho, lo promuevo entre mis alumnos. Buen articulo, felicidades.

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