“The Soul of Anime: Collaborative Creativity and Japan’s Media Success Story” (2013) de Ian Condry


Comentarios sobre el libro “The Soul of Anime: Collaborative Creativity and Japan’s Media Success Story” (2013) de Ian Condry. 

Por Alvaro H.

Recién terminé de leer el (ya no tan nuevo pero aún reciente) libro de Ian Condry “The Soul of Anime: Collaborative Creativity and Japan’s Media Success Story” (2013).soul-anime-templeuj615-2-638

El libro es un acercamiento antropológico al estudio del anime (animación japonesa) desde la experiencia de observación directa y detallada de los procesos de producción del anime en japón en estudios renombrados como “Gonzo” o  “Studio C°4”, entre otros, además de presentar diversas entrevistas con creativos, directores y productores del medio, realizadas en entre los años 2004 y 2010.

La idea principal de Condry en este libro es sustentar la importancia de una “energía social” como fundamento del valor, o mejor dicho, de los diferentes tipos de valor, que se encuentran en el anime y las diferentes manifestaciones culturales relacionadas con este. La idea de una “energía social” detrás del “éxito del anime puede parecer sin embargo, ingenua desde la perspectiva de las ciencias sociales, puesto que si hablamos de ciencias sociales, es lógico que el enfoque se ponga en dinámicas sociales, usos, y contextos de producción o apropiación, por mencionar algunas expresiones de esta “energía social”. Los estudios culturales enfocados en la cultura popular (pop culture) o comunidades de fanáticos o aficionados (fan cultures, fandom) con famosos ejemplos en Fiske, Jenkins, Grossberg, Hills, Sandvoss, etc, dan cuenta de esto. No obstante, el argumento de Condry llama a reflexionar desde la antropología, en el estudio de contextos sociales a un nivel micro o medio (digamos con micro, el estudio directo de los contextos en los que se produce y consume el anime, y con medio digamos el estudio de las redes (networks) concretas de interacción generadas en estos contextos) antes de elaborar reflexiones o conclusiones a un nivel mayor.

Con esto, Condry señala dos puntos muy valiosos desde mi perspectiva. El primer punto, parte de la crítica a la tendencia a observar el “éxito” o características del anime, en el echo de que es Japonés. Ejemplos de esto hay muchos, como por ejemplo, la atención que ha recibido la cultura gráfica del Japón feudal y su relación (vista como “natural” y “directa”) con la identidad nacional. Condry problematiza esta perspectiva en la tendencia a entender la cultura (y en este caso la cultura nacional) como algo fijo y uniforme, a lo que contrapone una imagen fluctuante y diverso. Este tipo de entendimiento sobre la cultura esta por ejemplo en el trasfondo de las famosas y controvertidas políticas nacionales del “Cool Japan”. En el mismo sentido, Condry critica aquellos puntos de vista que explican las características de determinados textos culturales (anime, manga, etc) como resultado de determinadas “fases” o “etapas” en el escenario cultural (en esta caso japonés). La clasificación de los gustos por generaciones y la explicación del éxito de ciertos mangas o animes por estas tendencias generacionales es un ejemplo de esto. Aunque Condry ejemplifica este punto citando a los editores de la revista “Nikkei Entretainment” quienes explican el éxito de “One Piece” (entre otros) por una tendencia generacional hacia los temas relacionados con “círculos de amigos” que cooperan para resolver dificultades, pienso que esta misma crítica hacia la extrapolación de una misma lógica a escalas mayores puede aplicarse a la famosa división que hace Azuma Hiroki sobre las diferentes “generaciones” de Otaku en Japón (Azuma 2001) , o hacia la el estudio de las distintas “etapas” por las que pasan las dinámicas culturales en el Japón de posguerra, propuestas  Ōsawa Masachi (2008). (Espero algún día poder tratar este tema aquí). Condry se refiere a este tipo de explicaciones como un tipo de “resonancia cultural” (cultural resonance) en la que las relaciones entre los individuos, los medios masivos y los contextos culturales aparecen como estáticas.

El segundo punto, partiendo del interés de Condry en una percepción más dinámica de, en este caso el “éxito” del anime, está en su llamado al análisis de la “energía social” en al anime (digamos, de las dinámicas sociales) más que en el análisis textual del medio y sus características (literarias, gráficas, etc). Esto, insisto, desde las ciencias sociales es algo lógico, pero hay que recordar la gran cantidad de estudios basados en este tipo de análisis textuales que explican el “valor” del anime en sus narrativas, uso de técnicas de animación, o características estéticas (en mi opinión personal, yo preferiría un estudio equilibrado de ambos, textos y prácticas sociales). La propuesta de Condry en este punto, es no partir del anime como texto, sino del anime como el reflejo de estas dinámicas sociales de producción y creatividad que forman la industria en Japón. Es por eso que su libro se centra en el estudio etnográfico de los estudios de animación en Japón y otros contextos sociales relacionados.

En su análisis Condry trata diferentes temas de gran interés empírico y teórico. De lo teórico llamó mi interés en lo particular su intento de enfocar diferentes tipos de valor en el anime y su relación entre lo micro (economía de nichos) y lo macro (economía de masas), así como su caracterización de los mundos narrativos y personajes de los animes como “plataformas creativas” (creative plataforms). Esta última idea está muy en sintonía con las nuevas formas de expresión y productividad en internet, un tema que desgraciadamente Condry casi no toca, mas que en su capítulo 7 “Dark Energy” en el que discute sobre los Fansubs y problemas de Copyright.

Desde mi perspectiva, en cuanto a lo empírico, aunque Condry da numerosos detalles y presenta información valiosa de primera mano sobre diferentes contextos, le haría muy bien al libro un resumen general de la estructura de producción del anime en japón que ayude al lector a entender la relación entre creativos, directores, productores, patrocinadores y diferentes empresas involucradas, así como el lugar general de estas estructuras de producción entre los consumidores y los mismos productores. Me parece que sin este contexto, es fácil perder el valor de muchas declaraciones o entrevistas que presenta o de sus mismas conclusiones. Del mismo modo, es fácil malinterpretar esta información sin un contexto adecuado. Por ejemplo, Condry señala continuamente las dificultades en la industria del anime japones, pero su estudio no refleja qué tipo de dificultades existen, por ejemplo en la dependencia de las compañías productoras de los patrocinadores, en la competencia entre estudios o en los problemas que afronta una industria diseminada en una gran cantidad de pequeños estudios que forman las estructuras de producción del anime en Japón, así como las contradicciones entre el sistema legal de Copyright y el mismo sistema de producción tan descentralizado que existe en Japón. Estos problemas, si bien se leen detrás de ciertas aseveraciones o comentarios, no son definidos formalmente, de modo que un lector no familiarizado puede (en mi opinión) malinterpretar el sentido de varios pasajes del libro.

En cuanto a las consideraciones de tipo teórico, sin negar la importancia y lo bien fundado que puedan estar sus aseveraciones, estas también carecen de una discusión general y sistemática. Por ejemplo, exactamente ¿qué entiende por valor? cuando habla del valor económico, el valor afectivo o el valor social del anime, ¿está hablando del mismo tipo de valor en todos los casos?. ¿Cómo se relaciona este tipo (o tipos) de valor con la “energía social” en la que se centra el libro, o las ideas de creatividad que presenta? Este tipo de temas se discuten fragmentariamente a lo largo del libro, pero un resumen sistemático de estas posturas darían claridad y fuerza a su premisa principal, que es sustentar su énfasis en la “energía social” que es, para él, el alma del anime.

Otra reseña del libro, e información sobre el mismo se puede leer aquí.

Book Review: The Soul of Anime: Collaborative Creativity and Japan’s Media Success Story by Ian Condry